Todo fu gracias a una “teorica” Estacion Cientifica Americana, dedicada al estudio de Cetaceos.
Dicha Estacion formaba parte del sistema “SOSUS”, acrónimo de Sound Surveillance System, del inglés: Sistema de Vigilancia Sónica.
Consiste en una cadena de puestos de escucha submarinos que se reparten en una línea que va desde Groenlandia hasta el Reino Unido pasando por Islandia, en lo que se conoce como el paso GIUK (Greenland-Iceland-United Kingdom).
Originalmente era operado por la Armada de Estados Unidos para detectar submarinos soviéticos, que pasaran a través del paso GIUK si deseaban atacar blancos más al oeste, como por ejemplo la costa oriental estadounidense.
Existen estaciones SOSUS en otros puntos del Atlántico y del Océano Pacífico. Más tarde se incorporó al sistema el SURTASS (Surveillance Towed Array Sensor System) o Sistema embarcado de vigilancia de sensores en matriz arrastrados. Finalmente ambos terminaron formando parte del IUSS (Sistema Integrado de vigilancia submarina), integrándose en la red mundial de sensores de este tipo.
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EEUU instaló en La Palma una base secreta para espiar a Rusia
Diario La Opinion – Antonio Herrero
Estados Unidos abrió a lo largo del océano Atlántico y del Pacífico una serie de estaciones de escucha submarina para espiar a los soviéticos durante la Guerra Fría. Uno de estos centros se instaló en la costa de Puerto Naos, en el municipio palmero de Los Llanos de Aridane.
La base de escuchas secreta de los norteamericanos, abierta en apariencia para el estudio científico de las ballenas, estuvo en funcionamiento desde 1963 hasta 1974, año en que deja de funcionar, aunque su cierre definitivo se produjo en 1976.
En plena Guerra Fría los rusos van adquiriendo la suficiente capacidad para poner en el mar a sus submarinos nucleares casi a la misma velocidad que los americanos. Los Estados Unidos preocupados por el alcance del potencial de su tradicional enemigo optan por contrarrestar tal medida mediante la creación de una serie de bases que permitan tener localizados de manera permante la ubicación de los sumergibles rusos.
El proyecto que afecta a España se denomina Mils, bajo los auspicios del Instituto Geofísico INS, de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Los americanos creen que el mejor sitio para ubicar dicha base es la Isla de El Hierro, pero la idea pronto es desechada puesto que carece de aeropuerto.
El motivo de necesitar un aeródromo no era otro que los registros que captaban los sonares submarinos tenían que ser remitidos diariamente a la base de Torrejón de Ardoz, en Madrid, y de ahí a la sede central en Bermudas, de donde pasaba al centro de evaluación de Guerra Antisubmarina, en Nueva York.
Por ello se eligió la Isla de La Palma. Contaba con el aeropuerto de Buenavista en Breña Alta, pequeño pero para la misión encomendada servía.
Los primero que hace la Armada Española es adquirir los terrenos donde se han de instalar los americanos, a Daniel García Sosa, 5.766,20 metros cuadrados, por un precio de 2.883.100 pesetas. A Gregorio Gómez González, 1.580 metros cuadrados por un precio de 790.000 pesetas y a Olayo-Eladio Fernández González, 583,80 metros cuadrados con un precio de 291.000 pesetas. El protocolo notarial se firma en la notaría de Eugenio Álvaro Carballo Fernández de Santa Cruz de la Palma, el 30 de mayo de 1964.
Los primeros materiales comienzan a llegar a la Base Naval de Las Palmas en 1963 y una barcaza de desembarco, la Unisev-I, es la encargada de transportar el 8 de junio de ese año el material hasta la playa de Puerto Naos.
El día 13 de junio comienza el tendido de los cables de hidrofonía. Supervisa el trabajo Carl Hartdegen adscrito al Palisades Geophysical Institute. Los cables con sus respectivos micrófonos son fondeados a unos cien metros de la costa y a partir del 14 de junio comienzan a realizarse una serie de muestreos con el fin de comprobar su efectividad.
El personal americano llega a la Isla y se reparten entre unos apartamentos en la zona de Tajuya, en Los Llanos de Aridane y en la pensión Monterrey, en el cercano municipio de El Paso. Con ellos llegan las primeras botellas de coca-cola a la Isla Bonita.
Es a partir de este momento cuando se contrata a personal palmero. A lo largo de su existencia tan solo dos personas trabajaron de manera continuada, ya que los americanos eran muy exigentes con el cumplimiento de los horarios. Uno de ellos es Hugo Castro Bethencourt.
Los aparatos cada vez más sofisticados son instalados en las dependencias de la estación de hidrofonía. A los trabajadores canarios y peninsulares se les pide total discreción puesto que oficialmente las tareas que allí se desarrollan consisten en el estudio y seguimiento de las ballenas. La realidad es que se trata de una estación secreta donde los americanos tratan de adelantarse a los soviéticos y de esta manera poder controlada la navegación de sus sumergibles en el Océano Atlántico.
Crisis de los misiles
En junio de 1962, la estación de Barbados detecta el paso de un sumergible nuclear soviético que fondea en aguas del Golfo de Maine. Hay que tener en cuenta que estamos en plena crisis de los misiles en Cuba y que los americanos tratan por todos los medios de evitar un conflicto nuclear.
Pero para ello, han de tener ubicados a todos los sumergibles rusos que abandonan sus bases en Leningrado y los que salen de Sebastopol, cruzan el Estrecho de Gibraltar bajo el casco de otro navío para no ser detectados y se posan en el lecho marino frente a las costas de los EE UU.
En 1965 se sustituyen los primitivos hidrófonos submarinos por otros de mejor calidad y más alcance. La base llegó a contar con seis de ellos.
Tal vez el mejor servicio desarrollado por la estación de Puerto Naos ocurrió tras la desaparición del submarino nuclear americano USS Scorpion (SSN-589), el 22 de mayo de 1968, con 99 hombres a bordo. Su localización fue posible gracias al personal de La Palma, ya que durante 15 días, los trabajadores estuvieron con los cascos de escucha puestos las 24 horas del día tratando de localizar algún rastro del sumergible.
Para ello, aviones norteamericanos sobrevolaban el océano Atlántico y arrojaban una carga de profundidad. El artefacto al explotar en el mar producía un eco que era recibido en la base y dependiendo con el objeto que chocase la onda se podía determinar o incluso descartar de lo que no se trataba. Finalmente, los trabajadores de la estación palmera creyeron escuchar un eco que venía con una longitud de onda diferente, por lo que se acotó la zona. Barcos y aviones de la Navy y de la Usaf rastrearon el lugar. Un submarino para grandes superficies realizó una inmersión en el lugar y localizó, antes que los rusos, el sumergible.
El segundo gran hito de esta estación fue la elaboración en 1971 de un mapa sismográfico de la erupción del volcán Teneguía.
Ese año comienzan a escucharse unos ruidos anormales y los sismógrafos disparan las agujas. Los americanos remiten los resultados a su base central en Bermudas y estos no pueden ser más concluyentes. Un volcán está a punto de erupcionar. El 31 de octubre de 1971 reventaba el Teneguía. Como muestra de agradecimiento los americanos regalaron a Hugo Castro el registro sismográfico del mismo.
Las tareas que desarrollaban los nueve trabajadores que estuvieron a lo largo de los 14 años en que operó la estación consistía en asegurar que todos los aparatos funcionaban en "on". Comprobaban las lecturas de las fuentes de energía, así como los grabadores al tiempo que medían y anotaban las resistencias de los cables hidrofónicos.
Para ello, debían comprobar el nivel de ruido del mar (océano ambiente), con un ajuste de los disminuidores (attenuators), todo ello según un manual que los americanos entregaban a los españoles una vez eran contratados.
La base comienza a languidecer a principios de los años 70 con la aparición de nuevos sistemas de escucha y vigilancia submarina como los satélites que acaban quitando protagonismo a las estaciones terrestres.
Así en 1974, la estación de hidrofonía y escucha submarina de Puerto Naos en la que quedan trabajando tres españoles y un americano cerraba sus puertas tras 14 años de existencia.
La Armada española decide que en un primer momento sea ocupada por un celador de Puerto y Pesca, pero las condiciones de habitabilidad no son las mejores, por lo que en 1988 el Ministerio de Defensa procede a desafectar y declarar la alienabilidad de los terrenos que pasan a ser propiedad del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane. Las estancias que antaño ocuparon mesas, consolas y los aparatos más sofisticados de escucha son hoy albergue de okupas.
En la memoria de los trabajadores de la base queda las estrictas normas dictadas por lo dos jefes que tuvieron, Carl Hartdegen, primero y Peter Green, años después.
La jornada de trabajo comenzaba a las nueve de la mañana y finalizaba a las cinco de la tarde.
Durante todo este tiempo, había que jugar una hora al ping-pong, ya que según decían ellos esto mantenía la rapidez de reflejos. También era costumbre que todos los años había que sacarse una fotografía en el mismo lugar y posición que años anteriores para comprobar el envejecimiento.
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"DESEMBARCO NORTEAMERICANO EN PUERTO NAOS"
Asi, echándole un poco de imaginación podria haber sido algún titular de periódico en junio del año 1964 y es que el 8 de junio de 1964, una barcaza de desembarco (Unisev I) se acercó a la playa de Puerto Naos, a fin desembarcar el material necesario para la construccion de la base de escucha submarina durante la guerra fria.
Era una estacion de hidrofonia, cuya principal cometido era la escucha de los submarinos rusos en el atlantico y se desplegó con bastante rapidez, solo seis dias mas tardes ya estaban instalados los microfonos submarinos que estaban sumergidos a unos cien metros de la costa.
Muy poco tiempo después comenzó a llegar el personal norteamericano que se encargaria de la base, alojándose en algunos en Tajuya, otros en Los Llanos y alguno en el Paso, con ellos empezaron a llegar a la isla, las primeras botellas de Coca Cola.
Tambien se contrato para el mantenimiento de la base personal palmero, pero solo dos o tres personas trabajaron de forma continuada, tambien habia gente procedente de la peninsula.
Ni que decir tiene, que los norteamericanos exigian que se mantuviera un total secretismo sobre las actividades que alli se realizaban, puesto que se trataba de una base secreta U.S.A.
El gran acontecimiento descubierto con bastantes dias de antelacion por esta base fue la erupción del Teneguia, los microfonos submarinos así como los sismógrafos, empezaron a registrar una serie de ruidos y temblores a mediados de octubre y los resultados eran más que evidentes...estaba a punto de producirse una erupcion volcánica. El 26 de octubre de 1971 entró en erupción el Teneguia.
Sobre esos años, principios de los 70, comenzaba esta base secreta norteamericana a perder su importancia estratégica, ya sus intalaciones se estaban quedando obsoletas y en 1974 el gobierno norteamericano decide cerrarla despues de 14 años de funcionamiento.
Se desmanteló todo el material técnico y entonces se hizo cargo la Marina española custodiando la vieja instalacion, hasta que en el año 1988 cedió los terrenos al ayuntamiento de los Llanos.
Lo poco que queda hoy en dia (la casa), sirve de cobijo a algun que otro okupa.
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http://minoslas.blogspot.com/2011/1...naos-en-la.html
La estacion SOSUS de Puerto Naos en la Palma
Esta información ha sido sacada de una vieja pagina web que por fortuna he podido recuperar antes que se perdiese, su uso es totalmente didactico aunque seria interesante para futuros escenarios en Harpoon.
Junto a la tranquila playa de Puerto Naos, en el municipio de Los Llanos de Aridane, isla de La Palma, se desplegaron durante algo más de una década las instalaciones de la llamada "base americana" adscritas a la Universidad de Columbia, Nueva York.
Según su director, su misión era exclusivamente científica. Concretamente se ocupaban del estudio mediante hidrófonos de los sonidos emitidos por los mamíferos marinos como los grandes cetáceos que cruzaban nuestras costas.
Sin embargo, este no era su principal cometido. La estación hidrofónica pertenecía en realidad a la Marina de Estados Unidos y desarrollaba en plena "guerra fría" las labores de detección sistemática del paso de los SSBN (Submarinos Balísticos de Propulsión Nuclear) de la URSS que cruzaban las aguas del Océano Atlántico, principal teatro de operaciones por esos años, en las estrategias entre la Armada Soviética y las fuerzas de la lucha antisubmarina de la marina de los EE.UU.
Corría el año 1970 cuando tuve la ocasión de visitar por primera vez la "base americana", tal y como se conocía por las gentes de nuestra isla. No había medidas de seguridad evidentes o por lo menos a mí no me lo pareció. Accedí acompañado del personal palmero que estaba contratado por aquel entonces.
El centro constaba de un edificio rectangular, de una sola planta, que estaba rodeado por un jardín con una fuente circular y numerosas plantas, entre las que destacaba los frondosos cardones de la entrada, una palmera solitaria y un pequeño ciprés. Anexo al edificio principal, pude observar otras edificaciones menores. En una de ellas se alojaba el grupo electrógeno que proporcionaba fluido eléctrico autónomo a todo el conjunto. Del edificio principal salían unos gruesos tubos metálicos, que cruzaban el jardín en dirección a la playa. Éstos acogían las vainas, tipo troquel, que llevaban los conductores de cobre que portaban las señales tomadas por los hidrófonos que estaban en el fondo del mar. Destacaba también la torreta galvanizada y una enorme antena direccional monobanda orientada al oeste.
El personal de la base era muy amable con los visitantes. A los jóvenes, nos ofrecían una helada bebida refrescante que decían era "la chispa de la vida" y que además tenía, entre otras múltiples "virtudes", la de aflojar los tornillos oxidados.
También conocí al subdirector del complejo, el Sr. Peter Green, un oficial norteamericano siempre dispuesto a ofrecer cuantas explicaciones se le pedían. Por supuesto, la inmensa mayoría de los isleños no conocíamos el verdadero uso de la base, ni cuanto acontecía entre ambas potencias en las profundidades del Atlántico, y es por ello que me resulta ahora evidente, porque él, un oficial altamente adiestrado, salió siempre airoso de cuantas preguntas le hicieron.
Puerto Naos no fue en un principio el punto elegido para la construcción de la estación, ya que se producía un eco debido a la estructura del edificio insular, y por ello se había pensado como primera ubicación la isla de El Hierro. Esta idea fue desechada debido a la mayor infraestructura con que contaba La Palma.
La estación hidrofónica comienza a construirse en el verano del año 1963 bajo la supervisión de Carl Hartdegen, del Instituto Geofísico Palisades. Concretamente el 8 de junio, la barcaza "UNIZEV-1", utilizada para desembarcos durante la Segunda Guerra Mundial, salió con un conjunto de tráilers e instrumentos eléctricos desde la Base Naval de Las Palmas de Gran Canaria, con destino a la playa de Puerto Naos.
El día 13 de junio comienza el tendido de los cables costeando la orilla oeste de la isla.
El 14 de junio se inicia el desembarco de los tráilers y la instalación de éstos a unos 100 metros de la orilla. En precario, días después, se emprende la tarea de recogida de los primeros datos acústicos para la calibración de los equipos.
El equipamiento es sofisticado para la época: grabadoras magnéticas (modelo Ampex S3612), relojes digitales y cronómetros Westrex TS-3A, oscilogramas Samborn 152-100B, preamplificadores, osciloscopios, sismógrafos, equipos de comunicaciones de los modelos Collins KWN-2, amplificador lineal Collins 1Kw y receptores de WWW BeckMan, etc,. Merece especial mención el enorme grupo electrógeno, un Allis Chalmer de 100 Kw, que conjuntamente con el motor ocupaba un sólo tráiler.
Pronto se contrata personal especializado para las labores de mantenimiento de la estación. Entre ellos varios técnicos y mecánicos palmeros que serán adiestrados en las tareas básicas de control del equipamiento.
Uno de ellos fue el Sr. Hugo Castro Bethencourt, que alcanzó la categoría profesional de jefe técnico de la estación hidrofónica. Él recuerda aquellos años pasados en la estación como "una experiencia altamente positiva", y añade: "Allí pude aprender cuanto sé". A continuación me explica que la estación comienza sus trabajos con tan sólo un par de hidrófonos, y prosigue: "Tras numerosas pruebas, se localizan los puntos más idóneos en el lecho marino que puedan recoger mejor las ondas acústicas".
Ya en 1965, según un plano de los cables e hidrófonos que he podido consultar, se constata la existencia de un total de seis hidrófonos, dispuestos como sigue: en dirección norte, a 28º 38' N (latitud) y 18º 2' O (longitud), encontramos los hidrófonos A y B (justo en frente de la montaña de Todoque), después el C y D los encontramos frente a la Playa de Puerto Naos, a 28º 34' N y 17º 55' O, y por último los hidrófonos E y F están a 28º 32' N y 17º 55' O, en dirección sur.
Con el paso del tiempo, Castro Bethencourt aprendió a reconocer las llamadas de los cetáceos distinguiendo incluso entre machos y hembras. Los registros en papel de los sonidos captados eran enviados en tambores precintados a la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, en Madrid, y de ahí a la Universidad de Columbia, donde "casualmente" también estaba el Centro de Evaluación de la Guerra Antisubmarina, de Nueva York. Lo que no es casualidad, según explicaremos más tarde, porque ambos organismos tenían una misión común.
La jornada para el técnico en la estación empezaba a las 9, con desayuno fuerte en la misma base. Luego entre las tareas más importantes de la mañana estaban: calibrar los equipos e hidrófonos, cambiar los tambores con el rollo de los oscilogramas, ajustar la hora oficial mediante los tonos recibidos de una radioestación horaria, etc.
A las doce horas, tocaba deporte. Todo el personal a jugar al pingpong. Peter Green utilizaba con los miembros de la estación una terapia propia de los pilotos de la Marina estadounidense, jugar cada día una hora al ping-pong con el fin de desarrollar los reflejos. La jornada terminaba sobre las 17 horas tras haber contactado por radio con los centros de referencia establecidos.
En el año 1971, la estación prestó un gran servicio al estudio del vulcanismo en nuestra isla. Varios días antes de que se produjeran los primeros temblores que anunciaban la inminente erupción del Volcán Teneguía, la estación pudo captar unos extraños ruidos submarinos, cuyos registros fueron enviados en mano a la Base de Torrejón de Ardoz y luego, con toda prontitud, en vuelo estafeta al Centro de Evaluación.
Al día siguiente, la respuesta confirmaba las sospechas. Ese sonido intenso era de origen volcánico y su epicentro estaba en el sur de la isla, cerca del mar. Una semana más tarde tienen lugar los iniciales movimientos sísmicos que son registrados por la estación, hasta que el 31 de octubre de 1971 se abre la primera brecha en el suelo del municipio de Fuencaliente. En relación con este hecho, hemos recogido de los archivos del Instituto Smithsoniano, el informe que es enviado por la Estación Hidrofónica de Canarias.
En él se cita como informador al profesor José M. Fuster Casas, del Instituto Lucas Mallada, de Madrid. Y además se recogen todos los datos sobre la evolución del volcán en el período comprendido entre el 31 de octubre y el 4 de noviembre del año 1971.
Los informes fueron radiados desde la Estación Hidrofónica y recibidos por Carl Hartdegen, el entonces ya director del Instituto Palisades, isla Sofar (Bermudas), que a su vez transfiere éstos, vía teléfono, a la Oficina de Investigación Naval, en Washington, que los cedió cortésmente al Instituto Smithsoniano.
Castro Bethencourt, como técnico de la estación, aprendió muy pronto a trabajar bajo el silencio impuesto por sus patronos, la Marina de los Estados Unidos. Nos cuenta que hubo numerosas ocasiones en que tuvo que evadir preguntas indiscretas sobre el trabajo que se realizaba allí.
En cierta ocasión, sobre los años setenta, cree, se empezaron a escuchar ciertos ruidos atronadores que se originaban entre la costa oeste de nuestra isla y la isla de El Hierro. Muchas personas, entre ellas los miembros de la Guardia Civil, se preocuparon por su origen. Una tarde fue llamado por el comandante del puesto del cuartel de la Guardia Civil de los Llanos de Aridane, que le interrogó sobre la procedencia de tales ruidos. Nuestro informante tuvo que responder con una evasiva, diciéndole que muy posiblemente se debieran a pescadores que se dedicaban furtivamente a tirar cartuchos de dinamita en busca de abundantes capturas de pescado.
La verdad era otra muy distinta, solo que tal información estaba clasificada, y se imponía la orden de no revelarla a nadie. Ahora, pasados ya treinta y cinco años de los hechos, nos habla de ello: "Durante esa época cruzaban los cielos de las islas numerosos aviones militares de Estados Unidos y algunos reactores incluso llegaban a romper la barrera del sonido muy cerca de nuestras costas".
La "base americana", que desempeñó un indiscutible papel en el control del tráfico marítimo del Atlántico durante la guerra fría, cierra en 1974, aunque se mantiene durante un par de años con un mantenimiento mínimo de los equipos, a la espera del cierre definitivo en el año 1976.
Tras la guerra fría, la detección de los SSBN va de la mano de las nuevas tecnologías. Para ello se utiliza un sistema integrado de vigilancia que maneja una combinación de detectores que incluyen: detectores de anomalías magnéticas, sonar, sonoboyas (hidrófonos autónomos con transmisores lanzados desde aviones), detectores de la temperatura del agua del mar, FLIR (prospectores infrarrojos), etc.
Todos estos sensores se alojan en los satélites, en las estaciones terrestres y en los buques y aviones de la lucha antisubmarina. Producen tal volumen de datos que sólo grandes equipos informáticos pueden analizar toda la información remitida. Por ejemplo, los Estados Unidos, emplea un supercomputador llamado "ILIAC-4" con una memoria de 10 x 9 bit.
Ahora la base ya desmantelada, sede intermitente de algunos grupos de "ocupas", es propiedad de la Marina Española.
La estación hidrofónica: un proyecto bajo jurisdicción militar con una tapadera científica
Mucho se ha hablado sobre el verdadero uso de las instalaciones de la Estación Hidrofónica de Puerto Naos y de qué agencia o universidad dependían. Lo cierto es que estaba bajo jurisdicción militar y era controlada por las fuerzas militares de los Estados Unidos que estaban destacadas en España.
Todo se aclara si consultamos algunos documentos y cartas cedidas por el personal palmero contratado en la estación, donde hemos constatado el encabezamiento siguiente: "JUSMG - ONR Hydrofone Station, La Palma, Canary Island".
En la Guía Federal de Archivos y Expedientes de los Estados Unidos, apartado 334,4,10, que se refiere a los expedientes de las unidades militares de asistencia en España, se recoge el acuerdo de la creación de JUSMG España (Grupo Militar Conjunto de Estados Unidos) y MAAG España (Grupo Consultivo de Asistencia Militar) en el año 1953, donde se especifica: "(...) El 2 de septiembre de 1953 se toman dos acuerdos de defensa y otro acuerdo de ejecución económica entre los Estados Unidos y España, que a su vez son refrendados por un tratado entre ambas naciones de fecha 26 de septiembre de 1953. En el mismo se establece el MAAG España y el JUSMG España, el 1 de noviembre de 1953, confirmado por el General Orden/43 del Departamento de la Fuerza Aérea, del 6 de noviembre de 1953".
Con motivo de estos acuerdos bilaterales se creó el MAAG España, que se hace responsable de la administración del programa mutuo de defensa y, por otra parte, el JUSMG España se ocupa de la ayuda a la defensa, así como a la planificación y construcción de las bases que usarían las fuerzas militares de Estados Unidos destacadas en el territorio de nuestro país.
Fruto de ello, es la construcción de la Base Naval de Rota, en la bahía de Cádiz, que da apoyo logístico a la Sexta Flota norteamericana en todo el área del Mediterráneo. Ambos organismos militares (JUSMG y MAAG) conjuntamente con la Oficina de Investigación Naval (ONI), adscrita al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, al igual que los ya referidos; Instituto Geofísico Palisades, de las Bermudas, y la Universidad de Columbia, de Nueva York, participaron en la puesta en marcha de la Estación Hidrofónica de Puerto Naos.
El interés de la Marina norteamericana por la investigación acústica subacuática se culmina con el "Proyecto Hartwell", en 1950, donde se estructura una defensa antisubmarina basada en la detección del sonido de baja frecuencia mediante un sistema de sensores basados en matrices de hidrófonos.
Este plan estaba integrado en el plan ASW (Guerra Antisubmarina) que se desarrolla en el decenio de los años cincuenta para la utilización del sonar pasivo en la detección de submarinos enemigos, coordinamos dos proyectos secretos conocidos por los nombres de: "Proyecto Jezebel", y "Proyecto Michael".
La Universidad de Columbia, que a la sazón fue el organismo que contrató al personal palmero de la estación, se ocupó, a partir de 1951, del proyecto de alta prioridad llamado "Proyecto Michael", que estudiaba la acústica de largo rango en el océano. Mientras la parte tecnológica fue liderada por los laboratorios Bell, mediante el "Proyecto Jezebel" de investigación acústica de corto rango, conocida por alta frecuencia.
Los trabajos culminaron en 1952 con la implantación del sistema SOSUS (Sistema de Vigilancia Sónica), nombre clasificado que respondía a una red integrada de vigilancia submarina por sonido mediante matrices de hidrófonos montados en el fondo del mar.
Los grupos de hidrófonos, localizados en los puntos más óptimos para la propagación acústica, estaban conectados mediante cables submarinos con las estaciones costeras que detectaban y dejaban registro, tanto en magnetófonos como en oscilagramas, de potencias acústicas de menos de un vatio que estuviera en un radio de varios cientos de kilómetros.
En 1954 se autoriza la construcción de diez estaciones, tres para el Atlántico y seis para el Pacífico y sólo una en Hawai, que son llamadas "Caesar", nombre en clave que recibe el proyecto SOSUS cuando atendía a las labores de producción e instalación de las bases.
Pronto se incorporan las estaciones de las Islas Bermudas; Shelburne, en Nueva Escocia (Canadá); Isla de Nantucket, en el golfo de Maine (Estados Unidos); Isla de Barbados, en el mar Caribe, e isla de San Nicolás, en el Pacífico. Se establecen los centros de evaluación en Nueva York y en Norfolk, Virginia.
El 26 de junio de 1962 se produce la primera detección de un submarino del tipo dieses "snorkel" soviético y el 6 de julio, de ese mismo año, la estación de Barbados detecta el paso de un SSBN (Submarino Balístico Nuclear) soviético que cruzaba por la ruta "GIUK" que pasa por el Reino Unido, Islandia y Groenlandia, hasta acabar en las aguas del Golfo de Maine, en Massachussets, Estados Unidos.
En 1963, para seguir completando el sistema SOSUS que contaba con más de una treintena de estaciones, se incorpora la estación de Puerto Naos, que se halla a 4.450 km de las Islas Bermudas, a 4.590 km de la Isla de Barbados y a 1.230 km del archipiélago de Azores, que en conjunto tendrán como misión el rastrear la zona del Atlántico medio en búsqueda de los SSBN soviéticos.
Otra de las misiones de la estación de Puerto Naos fue la de participar en los rescates de navíos accidentados. Tal y como se llevó a cabo con la búsqueda del submarino nuclear USS SCORPION (SSN-589), que se hundió el 22 de mayo de 1968, con 99 hombres a bordo, a más de 10.000 pies de profundidad, en un punto situado a 400 millas al sudoeste de las Islas Azores. La búsqueda del USS SCORPION mantuvo ocupado a las estaciones hidrofónicas atlánticas durante unos 15 días.
Durante este período, nos relata Hugo Castro Bethencourt "se trabajó en turnos de día y de noche.
Se lanzaba cada dos o tres horas cargas explosivas desde barcos y aviones sobre la zona, luego era recibido el eco por la base y con ello se podía elaborar un mapa de perspectiva del fondo marino. Finalmente se encontró el submarino al sudoeste de las Azores. Se dice que portaba armas nucleares". Esto contradice lo que algunos autores han afirmado de que nunca se encontró este sumergible.
Efectivamente, se hundió con dos torpedos de la marca 45 ASTOR, con cabezas nucleares, que no se pudieron recuperar. Lo curioso es que, según denunció el periódico Houston Chronicle, atendiendo a la desclasificación de los documentos oficiales, muy posiblemente el accidente fue debido a una falta de mantenimiento eficaz por parte de la Marina norteamericana que redujo drásticamente estos trabajos en favor del aumento de la operatividad durante la guerra fría.
Hoy en día el peligro nuclear que puede derivarse del accidente del Scorpion se mantiene. En 1979 y 1986 se hicieron estudios radiológicos de la zona buscando el radio nucleido cobalto 60 y por ahora los índices encontrados en los sedimentos, el agua y la vida marina, según la Marina norteamericana, no alcanzan cifras significativas. Sin embargo, el peligro permanece latente.
Tal como dice el documento, uno de los escenarios en lo que estuvo inviscuido la estación de la palma fue la detección del incidente del USS Scorpion, tal como puede derivarse del documento de la investigación que detallo a continuación:
http://www.coloradosubvets.org/page...art%201_PDF.pdf
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