Son las 12 del medio día, la playa está a reventar, vengo con un grupo de amigos, tengo mis proyectos, mis metas, mi propia historia, mi vida... abandono un momento el grupo de amigos junto un compañero, el sol nos está torrando la mollera así que es hora de refrescarse un poquillo.
La playa de arena; la típica playa de arena, camino y camino y aún viendo de lejos la orilla, el agua no me cubre por encima de las rodillas, de pronto, desaparece el suelo. Parece que el día anterior habían habido corrientes y habían removido la arena produciendo un escalón en el fondo. Mi compañero dice que se vuelve que está esperando una llamada, yo decido quedarme, el agua está fresquita prefiero quedarme un rato nadando.
Tras 5 minutos nadando muy a gusto empiezo a notar que me mareo, sigo nadando, no puedo avanzar, no puedo ver hacia los lados, noto que me hundo, no entiendo nada, el cuerpo me pesa cada vez más y me cuesta mover mis extremidades, no puedo sacarlas por arriba de los codos, apenas puedo sacar la cabeza... cada vez trago más agua se va apagando todo...únicamente veo un túnel, la luz al final, todo parece desvanecerse, mis sueños, mis objetivos, no habrá futuro profesional, no tendré esa historia de amor que parecía estar asomándose a la vuelta de la esquina, no tendré mi casa, no tendré mi familia, no volveré a reírme, no volveré a llorar, parece que todo se acaba. No puedo más. Estoy agotado de intentar salir a la superficie, pruebo a intentar capuzarme aguantando la respiración, a ver si descanso un poco y puedo intentar volver a salir; me sumerjo un poco pero enseguida necesito aire de nuevo ya que parece que llevo sin respirar una eternidad, no puedo salir, intento con todas mis fuerzas volver a la superficie pero no soy capaz, es el fin, no tengo nada que hacer... de repente, aparece alguien frente a mí y me golpea dándome la vuelta, algo naranja entra por mi brazo y aparezco en la superficie, toso y toso tirando agua apenas puedo ver ni oír...
Toco tierra. Veo gente, círculos de gente...horas después aparezco en el hospital.
Todo parece haber sido un susto, soy alérgico a no se que comida que tomé en el almuerzo y ésta hizo que las extremidades no me respondiesen y fuese perdiendo el conocimiento. No he aparecido por arte de magia en el hospital ni en la arena de la playa, es que 3 minutos antes, desde lo alto de una torre alguien ha visto que tenía dificultades, se ha deslizado por la escalera y arrancando la lata de rescate de la arena se ha dirigido hacia el agua, saltando toallas, esquivando sombrillas y apartando numerosos incordiones que ajenos a la situación han acampado delante de una torre de vigilancia, tras esa carrera hundiéndose en la arena y con las pulsaciones en su máximo nivel empieza a correr intentando no perderme de vista un solo segundo, aun le separan de mí unos 100 metros, nada con todas sus fuerzas intentando no pensar que su corazón va al límite, las olas lo intentan devolver para fuera pero el lucha aguantando esa angustia que tienes cuando fuerzas al máximo tu cuerpo, llega a mi altura y ve que estoy prácticamente sumergido pero muy cerca de la orilla, golpea mi cadera para voltearme e introduce la lata de rescate por debajo de mi axila y me mantiene insuflándome debido a mi dificultad respiratoria hasta que los compañeros llegan con una embarcación y me sacan hasta la orilla.
Esta historia no es real, es ficticia, pero narra decenas de sucesos similares que ocurren en nuestras playas cada verano. Ese alguien que pone su vida en juego acudiendo al rescate de otra persona es el SOCORRISTA. Una figura que se profesionalizó hace ya varios años pero que aún su consideración tanto a nivel autoritario para tomarse en serio sus recomendaciones y avisos como a su nivel económico está tan perjudicado como el de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Estos profesionales los encontramos en nuestras playas cada año, que aguantando comentarios de gente que los menosprecia debido a que alguna vez han visto a algún intruso, si señores el típico vago que encontramos no solo ahí sino en todo gremio (sobreentiendase FFCCS, Seguridad Privada, resto de funcionarios, empresas...) que acaban echándolo porque la ha cagado...
Una figura que también trabaja por vocación, que su sueldo es menor estando en la playa donde el trabajo, riesgo y demás es mucho mayor que el de los compañeros contratados en piscinas, una figura que la mayoría de veces se toma por le pito del sereno.
Es por ello que intento que se le haga un reconocimiento a todos aquellos Socorristas que ocupan sus puestos con vocación y profesionalidad y pensemos cuando vayamos a la playa que al igual que pasa en nuestro caso tras esa persona que hay sentada en la torre o en la playa con su uniforme es muy posible que exista una vocación y profesionalidad tan grande como la que siente cualquier Policía en las mismas condiciones.
Atentamente,
Copstyle.
Autor del texto.























