Araceli era del municipio de San Mateo, pero era policía local en Las Palmas de Gran Canaria desde hace 21 años. Sus compañeros fueron a recibir el féretro al aeropuerto y le hicieron la escolta hasta San Mateo, donde portaron el féretro hasta su capilla ardiente. Fue una bonita despedida para una de las 154 trágicas muertes del accidente del avión de Spanair.
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